miércoles, 6 de abril de 2011
domingo, 13 de marzo de 2011
EMMELINE PANKHURST
1858 - 1928. Fue una mujer afortunada. Dedicó toda su vida a luchar por los derechos políticos de las mujeres en Inglaterra, con una pasión y liderazgo únicos. Murió en Londres, a los 70 años, pocas semanas después de ver concretado su gran sueño: el derecho a voto femenino.
En 1928 el Parlamento británico aprobó la Ley de Representación del Pueblo, otorgando con ello el derecho a voto a las mujeres. Fue la causa por la que Emmeline Pankhurst luchó toda su vida. Sin detenerse nunca.
Había nacido en Manchester, a mediados del siglo XIX. Sus padres, liberales y modernos, le enseñaron desde pequeña las causas de la libertad y los derechos civiles. A los 12 años, Emmeline acompañaba a su madre a reuniones sobre temas de reivindicación femenina y justicia social. Estudió en la École Normale de Pariss y luego volvió a Manchester para trabajar por la defensa de los derechos femeninos. Así fue como conoció a Richard Marsden, quien apoyaba el movimiento de las feministas con pasión. Se casaron en 1879 y tuvieron cuatro hijos. Dos de ellas, Sylvia y Christabel, trabajaron codo a codo junto a Emmeline, fundando la Liga en Favor del Derecho al Voto de la Mujer. Poco tiempo después consiguieron un primer logro: el derecho a voto en las elecciones municipales, pero sólo para las mujeres casadas y mayores de 30 años. Para Emmeline esto no era suficiente, por lo que en 1903 fundó la Unión Política y Social de la Mujer (WSPU). Como secretaria general del movimiento, se encargó de radicalizar su mensaje, poniéndose cada vez más agresiva, dedicándose a organizar agitaciones públicas y marchas de protesta. Esto le costó la cárcel varias veces. Y ella, a modo de protesta, realizaba huelgas de hambre mientras estaba presa.
Al estallar la Primera Guerra Mundial, la Unión decidió detener sus actividades para apoyar al país en esta nueva causa. El gobierno, en respuesta, liberó a todas sus integrantes detenidas, Emmeline incluida. Bajo el lema "los hombres a luchar y las mujeres a trabajar. No seremos pisoteados por el Káiser", Emmeline organizó a sus mujeres bajo un cariz patriótico, buscando ayudar a soldados y niños. Fue en esta época cuando pronunció su discurso más famoso, en el que afirmó lo siguiente: "No tengo demasiado aspecto de soldado ni de prisionero, pero soy las dos cosas. El gobierno de Inglaterra tiene que enfrentarse a la siguiente alternativa: o las mujeres mueren u obtienen el derecho a voto". Sería lo segundo, claro.
Como secretaria general del movimiento, se encargó de radicalizar su mensaje, poniéndose cada vez más agresiva, dedicándose a organizar agitaciones públicas y marchas de protesta. Esto le costó la cárcel varias veces.
En 1928 el Parlamento británico aprobó la Ley de Representación del Pueblo, otorgando con ello el derecho a voto a las mujeres. Fue la causa por la que Emmeline Pankhurst luchó toda su vida. Sin detenerse nunca.
Había nacido en Manchester, a mediados del siglo XIX. Sus padres, liberales y modernos, le enseñaron desde pequeña las causas de la libertad y los derechos civiles. A los 12 años, Emmeline acompañaba a su madre a reuniones sobre temas de reivindicación femenina y justicia social. Estudió en la École Normale de Pariss y luego volvió a Manchester para trabajar por la defensa de los derechos femeninos. Así fue como conoció a Richard Marsden, quien apoyaba el movimiento de las feministas con pasión. Se casaron en 1879 y tuvieron cuatro hijos. Dos de ellas, Sylvia y Christabel, trabajaron codo a codo junto a Emmeline, fundando la Liga en Favor del Derecho al Voto de la Mujer. Poco tiempo después consiguieron un primer logro: el derecho a voto en las elecciones municipales, pero sólo para las mujeres casadas y mayores de 30 años. Para Emmeline esto no era suficiente, por lo que en 1903 fundó la Unión Política y Social de la Mujer (WSPU). Como secretaria general del movimiento, se encargó de radicalizar su mensaje, poniéndose cada vez más agresiva, dedicándose a organizar agitaciones públicas y marchas de protesta. Esto le costó la cárcel varias veces. Y ella, a modo de protesta, realizaba huelgas de hambre mientras estaba presa.
Al estallar la Primera Guerra Mundial, la Unión decidió detener sus actividades para apoyar al país en esta nueva causa. El gobierno, en respuesta, liberó a todas sus integrantes detenidas, Emmeline incluida. Bajo el lema "los hombres a luchar y las mujeres a trabajar. No seremos pisoteados por el Káiser", Emmeline organizó a sus mujeres bajo un cariz patriótico, buscando ayudar a soldados y niños. Fue en esta época cuando pronunció su discurso más famoso, en el que afirmó lo siguiente: "No tengo demasiado aspecto de soldado ni de prisionero, pero soy las dos cosas. El gobierno de Inglaterra tiene que enfrentarse a la siguiente alternativa: o las mujeres mueren u obtienen el derecho a voto". Sería lo segundo, claro.
Como secretaria general del movimiento, se encargó de radicalizar su mensaje, poniéndose cada vez más agresiva, dedicándose a organizar agitaciones públicas y marchas de protesta. Esto le costó la cárcel varias veces.
FRIDA KAHLO
Su vida estuvo siempre marcada por el sufrimiento físico, enfermedades, accidentes y operaciones. A los seis años padeció una poliomielitis que le dejó la pierna derecha más corta y más flaca, defecto que ocultaría con sus características polleras hasta el suelo.
Una tarde de septiembre de 1925, el bus que la traía del colegio chocó con un tranvía. Su columna quedó prácticamente rota, y un fierro que le atravesó el estómago y la pelvis le impidió ser madre. A lo largo de su vida se operó 32 veces, con escaso éxito. Pasaba tanto tiempo en cama, que sus padres le instalaron un atril y un espejo, desde donde surgirían sus célebres autorretratos. "Me retrato a mí misma porque paso mucho tiempo sola y porque soy el mejor motivo que conozco", decía.
A pesar de todos los impedimentos físicos, Frida Kahlo fue una mujer valiente, fuerte y con muchas ganas de vivir. Siempre quiso llevar una vida normal, a pesar de las operaciones, de los corsés y de los largos períodos en cama. "No tengo más remedio que aguantar, porque es peor desesperarse", escribía.
Apenas pudo recuperarse un poco, Frida comenzó a relacionarse con artistas e intelectuales de izquierda. Fue muy amiga de Breton, de Picasso y de Trotsky. Fue en esta época cuando conoció a Diego Rivera, famosísimo muralista mexicano 20 años mayor que ella. Era feo y gordo, pero las mujeres caían rendidas a sus pies. Juntos comenzaron una relación sufrida y tormentosa. Se casaron en 1929 y se divorciaron 10 años después, cuando Frida descubrió que él se acostaba con su hermana menor, Cristina Kahlo.
Entonces Frida se desató: se tomaba una botella de coñac diaria, tuvo numerosos romances, con hombres y mujeres. Dos años después el muralista le propuso que volvieran a casarse. Ella aceptó, pero con la condición de no tener relaciones sexuales. Así, Frida nunca más se separó de Diego, y cuando hablaba de él decía que era "el segundo gran accidente" de su vida.
Fue Rivera quien la convenció de mostrar sus pinturas al público. No tardó en convertirse en una pintora reconocida y exitosa. Sus obras se vendían rápidamente, ganaba premios, daba clases.
Pero la salud seguía siendo su principal tormento. En 1953 tuvieron que amputarle una pierna a causa de una gangrena. La depresión fue total. "Yo soy la desintegración", proclamaba. Murió un año después, a los 47 años.
La casa que compartió con Diego Rivera en Coyoacán es el actual Museo Frida Kahlo; en un jarrón precolombino se encuentran sus cenizas. "Espero alegre la salida y espero no volver jamás", fueron las últimas palabras que escribió en su diario.
Una tarde de septiembre de 1925, el bus que la traía del colegio chocó con un tranvía. Su columna quedó prácticamente rota, y un fierro que le atravesó el estómago y la pelvis le impidió ser madre. A lo largo de su vida se operó 32 veces, con escaso éxito. Pasaba tanto tiempo en cama, que sus padres le instalaron un atril y un espejo, desde donde surgirían sus célebres autorretratos. "Me retrato a mí misma porque paso mucho tiempo sola y porque soy el mejor motivo que conozco", decía.
A pesar de todos los impedimentos físicos, Frida Kahlo fue una mujer valiente, fuerte y con muchas ganas de vivir. Siempre quiso llevar una vida normal, a pesar de las operaciones, de los corsés y de los largos períodos en cama. "No tengo más remedio que aguantar, porque es peor desesperarse", escribía.
Apenas pudo recuperarse un poco, Frida comenzó a relacionarse con artistas e intelectuales de izquierda. Fue muy amiga de Breton, de Picasso y de Trotsky. Fue en esta época cuando conoció a Diego Rivera, famosísimo muralista mexicano 20 años mayor que ella. Era feo y gordo, pero las mujeres caían rendidas a sus pies. Juntos comenzaron una relación sufrida y tormentosa. Se casaron en 1929 y se divorciaron 10 años después, cuando Frida descubrió que él se acostaba con su hermana menor, Cristina Kahlo.
Entonces Frida se desató: se tomaba una botella de coñac diaria, tuvo numerosos romances, con hombres y mujeres. Dos años después el muralista le propuso que volvieran a casarse. Ella aceptó, pero con la condición de no tener relaciones sexuales. Así, Frida nunca más se separó de Diego, y cuando hablaba de él decía que era "el segundo gran accidente" de su vida.
Fue Rivera quien la convenció de mostrar sus pinturas al público. No tardó en convertirse en una pintora reconocida y exitosa. Sus obras se vendían rápidamente, ganaba premios, daba clases.
Pero la salud seguía siendo su principal tormento. En 1953 tuvieron que amputarle una pierna a causa de una gangrena. La depresión fue total. "Yo soy la desintegración", proclamaba. Murió un año después, a los 47 años.
La casa que compartió con Diego Rivera en Coyoacán es el actual Museo Frida Kahlo; en un jarrón precolombino se encuentran sus cenizas. "Espero alegre la salida y espero no volver jamás", fueron las últimas palabras que escribió en su diario.
martes, 8 de febrero de 2011
I've got issues
Infanticidia detestaba la escuela. Le gustaba el sabor de las aspirinetas, le gustaban los juguetes. Lo bueno de ir a la escuela que quedaba al lado de una juguetería. Cuando salia, miraba por largo rato una Pantera Rosa, ilusionada. Durante años Infanticidia habia suplicado que se la regalaran. Y no habia caso. Le gustaba tambien pintar con témperas. Lo malo que todos en su familia eran ciegos.
- Madre, mira qué hermoso mi retrato- decía ella. Y su tía la retaba: - Eres malvada y cruel, pues sabes que soy ciega. Y lo sabes puesto que tú misma has visto cómo los cuervos me arrancaron los ojos. Por mas hermosas que fuesen tus pinturas, yo sería incapaz de verlas, puesto que soy ciega. Si el hablarme de algo hermoso, con el conocimientos de mi ceguera, te hace feliz, entonces eres malvada y cruel, pues tus palabras crean en mi mente una representación imaginaria que jamás podré cortejar con la realidad. Una belleza que nunca podré experimentar con mis sentidos. Y en ello radica tu maldad, pues ...
Cuando Infanticidia se aburria de los sermones de su tía, iba a jugar a la calle. Estar con sus amigos y amigas, era como mirar cada vez una película distinta, en colores. Estar con su tía era como mirar siempre la misma serie en blanco y negro. El mismo capítulo. A veces, Infanticidia desaparecía de su casa y no volvía en varios días. A su regreso, era raro que la tía no estuviese enrollada en un ovillo de sus cavilaciones delirantes, en el balanceo repetitivo de su sillo mecedora
: - Por eso niña querida y buena, eres malvada y cruel. No por otra cosa. Lo digo ahora y para siempre: no me interesan tus mamarrachos. ve a mostrarselos a tus hermanitos. O al lobo sediento de sangre que vive en el altillo. O al ogro con cara de chancho que deambula por los jardines.
Infanticidia no contestaba. Pasó el tiempo, y ante la sospecha, cada vez más fuerte, de que jamás le regalarían el juguete que deseaba, ideó un plan con dos de sus amigos. Afectadito era un chico extraño: hablaba poco, dormia poco, y poco le interesaba que lo comprendieran o ayudaran. En cambio, Cabellos de Lana, era una chica extraña: llevaba consigo siempre una araña a la que había amaestrado, según decía, para que tejiera sus redes en varias clases de puntos. Nadie queria a Afectadito, todos querían a Cabellos de Lana.
: - ¿ Estamos listos ?- dijo Infanticidia: - Estamos - respondieron sus cómplices, y entraron a la juguetería. Afectadito miró fijamente a la cajera; ésta se espantó y se ocultó debajo de un mostrador. Luego miró a otro empleado, que estaba limpiando una vidriera. El empleado corrió hacia el déposito, despavorido. Cabellos de Lana, refinada y delicada, simpática de un modo irresistible, miró fijamente a la dueña: -Listo- dijeron a la vez Afectadito y Cabellos de Lana. La dueña de la juguetería no podía dejar de acariciar los bucles de Cabellos de Lana, ni de apretujar sus redondos cachetes, y nada hizo por evitar que Infanticidia, ya dentro del local, se trepase a un banquito, tomase un muñeco de la Pantera Rosa, y saliera hacia la calle lo más campante. "Mi madre nunca sabra esto", se dijo, y tomó otra aspirineta.
- Madre, mira qué hermoso mi retrato- decía ella. Y su tía la retaba: - Eres malvada y cruel, pues sabes que soy ciega. Y lo sabes puesto que tú misma has visto cómo los cuervos me arrancaron los ojos. Por mas hermosas que fuesen tus pinturas, yo sería incapaz de verlas, puesto que soy ciega. Si el hablarme de algo hermoso, con el conocimientos de mi ceguera, te hace feliz, entonces eres malvada y cruel, pues tus palabras crean en mi mente una representación imaginaria que jamás podré cortejar con la realidad. Una belleza que nunca podré experimentar con mis sentidos. Y en ello radica tu maldad, pues ...
Cuando Infanticidia se aburria de los sermones de su tía, iba a jugar a la calle. Estar con sus amigos y amigas, era como mirar cada vez una película distinta, en colores. Estar con su tía era como mirar siempre la misma serie en blanco y negro. El mismo capítulo. A veces, Infanticidia desaparecía de su casa y no volvía en varios días. A su regreso, era raro que la tía no estuviese enrollada en un ovillo de sus cavilaciones delirantes, en el balanceo repetitivo de su sillo mecedora
: - Por eso niña querida y buena, eres malvada y cruel. No por otra cosa. Lo digo ahora y para siempre: no me interesan tus mamarrachos. ve a mostrarselos a tus hermanitos. O al lobo sediento de sangre que vive en el altillo. O al ogro con cara de chancho que deambula por los jardines.
Infanticidia no contestaba. Pasó el tiempo, y ante la sospecha, cada vez más fuerte, de que jamás le regalarían el juguete que deseaba, ideó un plan con dos de sus amigos. Afectadito era un chico extraño: hablaba poco, dormia poco, y poco le interesaba que lo comprendieran o ayudaran. En cambio, Cabellos de Lana, era una chica extraña: llevaba consigo siempre una araña a la que había amaestrado, según decía, para que tejiera sus redes en varias clases de puntos. Nadie queria a Afectadito, todos querían a Cabellos de Lana.
: - ¿ Estamos listos ?- dijo Infanticidia: - Estamos - respondieron sus cómplices, y entraron a la juguetería. Afectadito miró fijamente a la cajera; ésta se espantó y se ocultó debajo de un mostrador. Luego miró a otro empleado, que estaba limpiando una vidriera. El empleado corrió hacia el déposito, despavorido. Cabellos de Lana, refinada y delicada, simpática de un modo irresistible, miró fijamente a la dueña: -Listo- dijeron a la vez Afectadito y Cabellos de Lana. La dueña de la juguetería no podía dejar de acariciar los bucles de Cabellos de Lana, ni de apretujar sus redondos cachetes, y nada hizo por evitar que Infanticidia, ya dentro del local, se trepase a un banquito, tomase un muñeco de la Pantera Rosa, y saliera hacia la calle lo más campante. "Mi madre nunca sabra esto", se dijo, y tomó otra aspirineta.
martes, 11 de enero de 2011
domingo, 9 de enero de 2011
Libra(e)
A pesar de los mil y un miedos sobre su estado físico -casi todos falsos- o las situaciones laborales que le quitaron autoestima, mírese(mirate). No sólo sigue aquí, sino que está más fuerte y estable cada día. Recuperar la confianza toma su tiempo. No se(te) derrumbe ahora.
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