martes, 8 de febrero de 2011

I've got issues

Infanticidia detestaba la escuela. Le gustaba el sabor de las aspirinetas, le gustaban los juguetes. Lo bueno de ir a la escuela que quedaba al lado de una juguetería. Cuando salia, miraba por largo rato una Pantera Rosa, ilusionada. Durante años  Infanticidia habia suplicado que se la regalaran. Y no habia caso. Le gustaba tambien pintar con témperas. Lo malo que todos en su familia eran ciegos.

- Madre, mira qué hermoso mi retrato- decía ella. Y su tía la retaba: - Eres malvada y cruel, pues sabes que soy ciega. Y lo sabes puesto que tú misma has visto cómo los cuervos me arrancaron los ojos. Por mas hermosas que fuesen tus pinturas, yo sería incapaz de verlas, puesto que soy ciega. Si el hablarme de algo hermoso, con el conocimientos de mi ceguera, te hace feliz, entonces eres malvada y cruel, pues tus palabras crean en mi mente una representación imaginaria que jamás podré cortejar con la realidad. Una belleza que nunca podré experimentar con mis sentidos. Y en ello radica tu maldad, pues ...

Cuando Infanticidia se aburria de los sermones de su tía, iba a jugar a la calle. Estar con sus amigos y amigas, era como mirar cada vez una película distinta, en colores. Estar con su tía era como mirar siempre la misma serie en blanco y negro. El mismo capítulo. A veces, Infanticidia desaparecía de su casa y no volvía en varios días. A su regreso, era raro que la tía no estuviese enrollada en un ovillo de sus cavilaciones delirantes, en el balanceo repetitivo de su sillo mecedora

: - Por eso niña querida y buena, eres malvada y cruel. No por otra cosa. Lo digo ahora y para siempre: no me interesan tus mamarrachos. ve a mostrarselos a tus hermanitos. O al lobo sediento de sangre que vive en el altillo. O al ogro con cara de chancho que deambula por los jardines.

Infanticidia no contestaba. Pasó el tiempo, y ante la sospecha, cada vez más fuerte, de que jamás le regalarían el juguete que deseaba, ideó un plan con dos de sus amigos. Afectadito era un chico extraño: hablaba poco, dormia poco, y poco le interesaba que lo comprendieran o ayudaran. En cambio, Cabellos de Lana, era una chica extraña: llevaba consigo siempre una araña a la que había amaestrado, según decía, para que tejiera sus redes en varias clases de puntos. Nadie queria a Afectadito, todos querían a Cabellos de Lana.

: - ¿ Estamos listos ?- dijo Infanticidia: - Estamos - respondieron sus cómplices, y entraron a la juguetería. Afectadito miró fijamente a la cajera; ésta se espantó y se ocultó debajo de un mostrador. Luego miró a otro empleado, que estaba limpiando una vidriera. El empleado corrió hacia el déposito, despavorido. Cabellos de Lana, refinada y delicada, simpática de un modo irresistible, miró fijamente a la dueña: -Listo- dijeron a la vez Afectadito y Cabellos de Lana. La dueña de la juguetería no podía dejar de acariciar los bucles de Cabellos de Lana, ni de apretujar sus redondos cachetes, y nada hizo por evitar que Infanticidia, ya dentro del local, se trepase a un banquito, tomase un muñeco de la Pantera Rosa, y saliera hacia la calle lo más campante. "Mi madre nunca sabra esto", se dijo, y tomó otra aspirineta.

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