1858 - 1928. Fue una mujer afortunada. Dedicó toda su vida a luchar por los derechos políticos de las mujeres en Inglaterra, con una pasión y liderazgo únicos. Murió en Londres, a los 70 años, pocas semanas después de ver concretado su gran sueño: el derecho a voto femenino.
En 1928 el Parlamento británico aprobó la Ley de Representación del Pueblo, otorgando con ello el derecho a voto a las mujeres. Fue la causa por la que Emmeline Pankhurst luchó toda su vida. Sin detenerse nunca.
Había nacido en Manchester, a mediados del siglo XIX. Sus padres, liberales y modernos, le enseñaron desde pequeña las causas de la libertad y los derechos civiles. A los 12 años, Emmeline acompañaba a su madre a reuniones sobre temas de reivindicación femenina y justicia social. Estudió en la École Normale de Pariss y luego volvió a Manchester para trabajar por la defensa de los derechos femeninos. Así fue como conoció a Richard Marsden, quien apoyaba el movimiento de las feministas con pasión. Se casaron en 1879 y tuvieron cuatro hijos. Dos de ellas, Sylvia y Christabel, trabajaron codo a codo junto a Emmeline, fundando la Liga en Favor del Derecho al Voto de la Mujer. Poco tiempo después consiguieron un primer logro: el derecho a voto en las elecciones municipales, pero sólo para las mujeres casadas y mayores de 30 años. Para Emmeline esto no era suficiente, por lo que en 1903 fundó la Unión Política y Social de la Mujer (WSPU). Como secretaria general del movimiento, se encargó de radicalizar su mensaje, poniéndose cada vez más agresiva, dedicándose a organizar agitaciones públicas y marchas de protesta. Esto le costó la cárcel varias veces. Y ella, a modo de protesta, realizaba huelgas de hambre mientras estaba presa.
Al estallar la Primera Guerra Mundial, la Unión decidió detener sus actividades para apoyar al país en esta nueva causa. El gobierno, en respuesta, liberó a todas sus integrantes detenidas, Emmeline incluida. Bajo el lema "los hombres a luchar y las mujeres a trabajar. No seremos pisoteados por el Káiser", Emmeline organizó a sus mujeres bajo un cariz patriótico, buscando ayudar a soldados y niños. Fue en esta época cuando pronunció su discurso más famoso, en el que afirmó lo siguiente: "No tengo demasiado aspecto de soldado ni de prisionero, pero soy las dos cosas. El gobierno de Inglaterra tiene que enfrentarse a la siguiente alternativa: o las mujeres mueren u obtienen el derecho a voto". Sería lo segundo, claro.
Como secretaria general del movimiento, se encargó de radicalizar su mensaje, poniéndose cada vez más agresiva, dedicándose a organizar agitaciones públicas y marchas de protesta. Esto le costó la cárcel varias veces.
domingo, 13 de marzo de 2011
FRIDA KAHLO
Su vida estuvo siempre marcada por el sufrimiento físico, enfermedades, accidentes y operaciones. A los seis años padeció una poliomielitis que le dejó la pierna derecha más corta y más flaca, defecto que ocultaría con sus características polleras hasta el suelo.
Una tarde de septiembre de 1925, el bus que la traía del colegio chocó con un tranvía. Su columna quedó prácticamente rota, y un fierro que le atravesó el estómago y la pelvis le impidió ser madre. A lo largo de su vida se operó 32 veces, con escaso éxito. Pasaba tanto tiempo en cama, que sus padres le instalaron un atril y un espejo, desde donde surgirían sus célebres autorretratos. "Me retrato a mí misma porque paso mucho tiempo sola y porque soy el mejor motivo que conozco", decía.
A pesar de todos los impedimentos físicos, Frida Kahlo fue una mujer valiente, fuerte y con muchas ganas de vivir. Siempre quiso llevar una vida normal, a pesar de las operaciones, de los corsés y de los largos períodos en cama. "No tengo más remedio que aguantar, porque es peor desesperarse", escribía.
Apenas pudo recuperarse un poco, Frida comenzó a relacionarse con artistas e intelectuales de izquierda. Fue muy amiga de Breton, de Picasso y de Trotsky. Fue en esta época cuando conoció a Diego Rivera, famosísimo muralista mexicano 20 años mayor que ella. Era feo y gordo, pero las mujeres caían rendidas a sus pies. Juntos comenzaron una relación sufrida y tormentosa. Se casaron en 1929 y se divorciaron 10 años después, cuando Frida descubrió que él se acostaba con su hermana menor, Cristina Kahlo.
Entonces Frida se desató: se tomaba una botella de coñac diaria, tuvo numerosos romances, con hombres y mujeres. Dos años después el muralista le propuso que volvieran a casarse. Ella aceptó, pero con la condición de no tener relaciones sexuales. Así, Frida nunca más se separó de Diego, y cuando hablaba de él decía que era "el segundo gran accidente" de su vida.
Fue Rivera quien la convenció de mostrar sus pinturas al público. No tardó en convertirse en una pintora reconocida y exitosa. Sus obras se vendían rápidamente, ganaba premios, daba clases.
Pero la salud seguía siendo su principal tormento. En 1953 tuvieron que amputarle una pierna a causa de una gangrena. La depresión fue total. "Yo soy la desintegración", proclamaba. Murió un año después, a los 47 años.
La casa que compartió con Diego Rivera en Coyoacán es el actual Museo Frida Kahlo; en un jarrón precolombino se encuentran sus cenizas. "Espero alegre la salida y espero no volver jamás", fueron las últimas palabras que escribió en su diario.
Una tarde de septiembre de 1925, el bus que la traía del colegio chocó con un tranvía. Su columna quedó prácticamente rota, y un fierro que le atravesó el estómago y la pelvis le impidió ser madre. A lo largo de su vida se operó 32 veces, con escaso éxito. Pasaba tanto tiempo en cama, que sus padres le instalaron un atril y un espejo, desde donde surgirían sus célebres autorretratos. "Me retrato a mí misma porque paso mucho tiempo sola y porque soy el mejor motivo que conozco", decía.
A pesar de todos los impedimentos físicos, Frida Kahlo fue una mujer valiente, fuerte y con muchas ganas de vivir. Siempre quiso llevar una vida normal, a pesar de las operaciones, de los corsés y de los largos períodos en cama. "No tengo más remedio que aguantar, porque es peor desesperarse", escribía.
Apenas pudo recuperarse un poco, Frida comenzó a relacionarse con artistas e intelectuales de izquierda. Fue muy amiga de Breton, de Picasso y de Trotsky. Fue en esta época cuando conoció a Diego Rivera, famosísimo muralista mexicano 20 años mayor que ella. Era feo y gordo, pero las mujeres caían rendidas a sus pies. Juntos comenzaron una relación sufrida y tormentosa. Se casaron en 1929 y se divorciaron 10 años después, cuando Frida descubrió que él se acostaba con su hermana menor, Cristina Kahlo.
Entonces Frida se desató: se tomaba una botella de coñac diaria, tuvo numerosos romances, con hombres y mujeres. Dos años después el muralista le propuso que volvieran a casarse. Ella aceptó, pero con la condición de no tener relaciones sexuales. Así, Frida nunca más se separó de Diego, y cuando hablaba de él decía que era "el segundo gran accidente" de su vida.
Fue Rivera quien la convenció de mostrar sus pinturas al público. No tardó en convertirse en una pintora reconocida y exitosa. Sus obras se vendían rápidamente, ganaba premios, daba clases.
Pero la salud seguía siendo su principal tormento. En 1953 tuvieron que amputarle una pierna a causa de una gangrena. La depresión fue total. "Yo soy la desintegración", proclamaba. Murió un año después, a los 47 años.
La casa que compartió con Diego Rivera en Coyoacán es el actual Museo Frida Kahlo; en un jarrón precolombino se encuentran sus cenizas. "Espero alegre la salida y espero no volver jamás", fueron las últimas palabras que escribió en su diario.
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