jueves, 21 de julio de 2011

PETRONILA RIQUELME


1808 - 1870. Fue la hija ilegítima y no reconocida de Bernardo O'Higgins. Pero a ella no le importó ser ninguneada y lo acompañó hasta el día de su muerte. Al final de su vida intentó, sin éxito, legitimar su apellido. Esta es la historia de una mujer abandonada.







La historia de Petronila Riquelme fue muy triste. Fue la hija natural de Bernardo O'Higgins con una empleada pehuenche, Patricia Rodríguez. Hay quienes aseguran que no hay pruebas contundentes para reconocerla como su hija. Dicen que en la época era habitual que la gente usara el apellido de sus patrones, y que en Perú abundan los zambos y mulatos que se dicen hijos de quien es considerado padre de la patria. Pero hay otras fuentes que demuestran con buenos argumentos lo contrario. Además, en la época se acostumbraba falsear ciertos datos -como las actas de nacimiento- para ocultar el origen de los llamados 'huachos'. 

Como fuera, Petronila creció junto a él y siempre le fue fiel. Cuando fue exiliado a Lima, ella y su  madre no dudaron en acompañarlo. 

Tenía 26 años cuando Bernardo O'Higgins decidió casarla con el administrador de su hacienda, José Toribio Pequeño. Cuentan las malas lenguas que Pequeño aceptó encantado, con la esperanza de que Petronila fuera reconocida y así poder gozar de la herencia familiar. Tuvieron cinco hijos. Hay cartas que demuestran que se llevaron a las patadas. Así debe haber sido, porque Pequeño la abandonó y volvió a la zona central de Chile, llevándose a todos sus hijos.

A la muerte del prócer, Petronila, Petita como la llamaban,  se quedó definitivamente sola en Perú. Fue entonces cuando decidió volver a su patria. Corrían los días del otoño de 1870. Habían pasado 47 años desde que salió de Chile. Y hacía diez que no veía a sus hijos. Tomó en Callao el vapor "Perú", dispuesta a obtener todo lo que le había sido arrebatado. Su identidad, su historia, su apellido, su herencia. Pero una vez más la suerte no estuvo de su lado, y murió de un ataque al corazón poco antes de llegar a Valparaíso.


Petronila creció junto a O'Higgins y siempre  le fue fiel. Cuando él fue exiliado a Lima, ella y su madre lo acompañaron.  Tenía 26 años cuando O'Higgins decidió casarla con el administrador de su hacienda, José Toribio Pequeño. Cuentan las malas lenguas que Pequeño aceptó encantado con la esperanza de que Petronila fuera reconocida.

Abro los ojos

Quiero tener tu amor. Sin embargo, esta encerrado en una bóveda
No va a doler ahora si abro los ojos. Estás haciendo lo peor ahora 
Estoy bajo tu maldición ahora, pero yo lo llamo compromiso
Y no puedo esperar ese tipo de amor de ti, cuando abres tu boca
No, no puedo explicar el dolor que está pasando.

domingo, 10 de abril de 2011

Patas arriba

Estado funcionando mucho tiempo He perdido casi toda la noción del tiempo En todas las direcciones Yo no podía ver las señales de advertencia Debo estar perdiendo la que "Porque mi mente juega trucos en mí
Parecía tan fácil Pero ya sabes ve a veces engañan

Estuve corriendo tan rápido Desde la línea de salida No hay más conexiones No necesito algún consejo más Una mano es sólo llegar Y uno sólo esperando Al parecer, mis debilidades Sigue adelante fuertes

Patas arriba ¿Dónde debo ir No puedo dejar de mí Fuera de control
No hay tiempo para pensar Parece que El mundo entero está fuera de sincronización

Estuve corriendo con tanta fuerza Cuando lo que necesito es para relajarse La voz de la razón Es que me fui tan atrás Esperé tanto tiempo Tanto tiempo para jugar esta parte Y acabo de acordar
Eso me había olvidado de mi corazón

domingo, 13 de marzo de 2011

EMMELINE PANKHURST

1858 - 1928. Fue una mujer afortunada. Dedicó toda su vida a luchar por los derechos políticos de las mujeres en Inglaterra, con una pasión y liderazgo únicos. Murió en Londres, a los 70 años, pocas semanas después de ver concretado su gran sueño: el derecho a voto femenino.



En 1928 el Parlamento británico aprobó la Ley de Representación del Pueblo, otorgando con ello el derecho a voto a las mujeres. Fue la causa por la que Emmeline Pankhurst luchó toda su vida. Sin detenerse nunca.

Había nacido en Manchester, a mediados del siglo XIX. Sus padres, liberales y modernos, le enseñaron desde pequeña las causas de la libertad y los derechos civiles. A los 12 años, Emmeline acompañaba a su madre a reuniones sobre temas de reivindicación femenina y justicia social. Estudió en la École Normale de Pariss y luego volvió a Manchester para trabajar por la defensa de los derechos femeninos. Así fue como conoció a Richard Marsden, quien apoyaba el movimiento de las feministas con pasión. Se casaron en 1879 y tuvieron cuatro hijos. Dos de ellas, Sylvia y Christabel, trabajaron codo a codo junto a Emmeline, fundando la Liga en Favor del Derecho al Voto de la Mujer. Poco tiempo después consiguieron un primer logro: el derecho a voto en las elecciones municipales, pero sólo para las mujeres casadas y mayores de 30 años. Para Emmeline esto no era suficiente, por lo que en 1903 fundó la Unión Política y Social de la Mujer (WSPU). Como secretaria general del movimiento, se encargó de radicalizar su mensaje, poniéndose cada vez más agresiva, dedicándose a organizar agitaciones públicas y marchas de protesta. Esto le costó la cárcel varias veces. Y ella, a modo de protesta, realizaba huelgas de hambre mientras estaba presa.

Al estallar la Primera Guerra Mundial, la Unión decidió detener sus actividades para apoyar al país en esta nueva causa. El gobierno, en respuesta, liberó a todas sus integrantes detenidas, Emmeline incluida. Bajo el lema "los hombres a luchar y las mujeres a trabajar. No seremos pisoteados por el Káiser", Emmeline organizó a sus mujeres bajo un cariz patriótico, buscando ayudar a soldados y niños. Fue en esta época cuando pronunció su discurso más famoso, en el que afirmó lo siguiente: "No tengo demasiado aspecto de soldado ni de prisionero, pero soy las dos cosas. El gobierno de Inglaterra tiene que enfrentarse a la siguiente alternativa: o las mujeres mueren u obtienen el derecho a voto". Sería lo segundo, claro.


Como secretaria general del movimiento, se encargó de radicalizar su mensaje, poniéndose cada vez más agresiva, dedicándose a organizar agitaciones públicas y marchas de protesta. Esto le costó la cárcel varias veces.

FRIDA KAHLO



Su vida estuvo siempre marcada por el sufrimiento físico, enfermedades, accidentes y operaciones. A los seis años padeció una poliomielitis que le dejó la pierna derecha más corta y más flaca, defecto que ocultaría con sus características polleras hasta el suelo.

Una tarde de septiembre de 1925, el bus que la traía del colegio chocó con un tranvía. Su columna quedó prácticamente rota, y un fierro que le atravesó el estómago y la pelvis le impidió ser madre. A lo largo de su vida se operó 32 veces, con escaso éxito. Pasaba tanto tiempo en cama, que sus padres le instalaron un atril y un espejo, desde donde surgirían sus célebres autorretratos. "Me retrato a mí misma porque paso mucho tiempo sola y porque soy el mejor motivo que conozco", decía.

A pesar de todos los impedimentos físicos, Frida Kahlo fue una mujer valiente, fuerte y con muchas ganas de vivir. Siempre quiso llevar una vida normal, a pesar de las operaciones, de los corsés y de los largos períodos en cama. "No tengo más remedio que aguantar, porque es peor desesperarse", escribía.

Apenas pudo recuperarse un poco, Frida comenzó a relacionarse con artistas e intelectuales de izquierda. Fue muy amiga de Breton, de Picasso y de Trotsky. Fue en esta época cuando conoció a Diego Rivera, famosísimo muralista mexicano 20 años mayor que ella. Era feo y gordo, pero las mujeres caían rendidas a sus pies. Juntos comenzaron una relación sufrida y tormentosa. Se casaron en 1929 y se divorciaron 10 años después, cuando Frida descubrió que él se acostaba con su hermana menor, Cristina Kahlo.

Entonces Frida se desató: se tomaba una botella de coñac diaria, tuvo numerosos romances, con hombres y mujeres. Dos años después el muralista le propuso que volvieran a casarse. Ella aceptó, pero con la condición de no tener relaciones sexuales. Así, Frida nunca más se separó de Diego, y cuando hablaba de él decía que era "el segundo gran accidente" de su vida.

Fue Rivera quien la convenció de mostrar sus pinturas al público. No tardó en convertirse en una pintora reconocida y exitosa. Sus obras se vendían rápidamente, ganaba premios, daba clases.

Pero la salud seguía siendo su principal tormento. En 1953 tuvieron que amputarle una pierna a causa de una gangrena. La depresión fue total. "Yo soy la desintegración", proclamaba. Murió un año después, a los 47 años.

La casa que compartió con Diego Rivera en Coyoacán es el actual Museo Frida Kahlo; en un jarrón precolombino se encuentran sus cenizas. "Espero alegre la salida y espero no volver jamás", fueron las últimas palabras que escribió en su diario.

martes, 8 de febrero de 2011