PETRONILA RIQUELME
1808 - 1870. Fue la hija ilegítima y no reconocida de Bernardo O'Higgins. Pero a ella no le importó ser ninguneada y lo acompañó hasta el día de su muerte. Al final de su vida intentó, sin éxito, legitimar su apellido. Esta es la historia de una mujer abandonada.
La historia de Petronila Riquelme fue muy triste. Fue la hija natural de Bernardo O'Higgins con una empleada pehuenche, Patricia Rodríguez. Hay quienes aseguran que no hay pruebas contundentes para reconocerla como su hija. Dicen que en la época era habitual que la gente usara el apellido de sus patrones, y que en Perú abundan los zambos y mulatos que se dicen hijos de quien es considerado padre de la patria. Pero hay otras fuentes que demuestran con buenos argumentos lo contrario. Además, en la época se acostumbraba falsear ciertos datos -como las actas de nacimiento- para ocultar el origen de los llamados 'huachos'.
Como fuera, Petronila creció junto a él y siempre le fue fiel. Cuando fue exiliado a Lima, ella y su madre no dudaron en acompañarlo.
Tenía 26 años cuando Bernardo O'Higgins decidió casarla con el administrador de su hacienda, José Toribio Pequeño. Cuentan las malas lenguas que Pequeño aceptó encantado, con la esperanza de que Petronila fuera reconocida y así poder gozar de la herencia familiar. Tuvieron cinco hijos. Hay cartas que demuestran que se llevaron a las patadas. Así debe haber sido, porque Pequeño la abandonó y volvió a la zona central de Chile, llevándose a todos sus hijos.
A la muerte del prócer, Petronila, Petita como la llamaban, se quedó definitivamente sola en Perú. Fue entonces cuando decidió volver a su patria. Corrían los días del otoño de 1870. Habían pasado 47 años desde que salió de Chile. Y hacía diez que no veía a sus hijos. Tomó en Callao el vapor "Perú", dispuesta a obtener todo lo que le había sido arrebatado. Su identidad, su historia, su apellido, su herencia. Pero una vez más la suerte no estuvo de su lado, y murió de un ataque al corazón poco antes de llegar a Valparaíso.
Petronila creció junto a O'Higgins y siempre le fue fiel. Cuando él fue exiliado a Lima, ella y su madre lo acompañaron. Tenía 26 años cuando O'Higgins decidió casarla con el administrador de su hacienda, José Toribio Pequeño. Cuentan las malas lenguas que Pequeño aceptó encantado con la esperanza de que Petronila fuera reconocida.



